13 Junio 2006
"Sarna con gusto no pica y si pica... no mortifica"
Pero ¿Qué es el amor? Pajaritos alrededor del cabezón de un individuo que parpadea mucho según Mr. Disney o alguien dispuesto a empuñar una recortada para volarle los sesos al primero que te quiera mal según Quentin T.
Se han llegado a escribir ensayos enteros sobre el tema, algunos resultando ser de lo más sórdido... y no por lo sexual (que también, también) sino por la manipulación, casi comercial, de lo emocional. En esa manipulación cabe el físico, el dinero, la ambición, la redención, la indolencia, el poder, la autocompadecencia (mi favorita) y demás lindezas.
Esto me hace recordar la película "¿Quién teme a Virginia Woolf?": el equivalente intelectual a una pelea de perros. Elisabeth Taylor enseñando los colmillos mientras Richard Burton le muerde las canillas.
Supongo que los guionistas Edward Albee y Ernest Lehman más que afilar los lápices para escribir esta historia se afilaron las uñas. ¡Eso sí que es pelearse y no lo que hacen en los programas de cotilleo! Si da hasta gusto ver cómo se despellejan a ingeniosas bajezas... ayyy, la sarna, que rico cómo pica...
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31 Enero 2006
El canon es un impuesto, una marca de consumibles eléctricos y una pequeña localidad cercana a Londres. Pero para mi,es el canon literario, musical y cinematográfico. Como decía un artículo en el País, el canon lo forman aquellos 20 libros que debes recomendar leer a toda persona, o al menos a toda persona que piense leer tan solo 20 libros en su vida.
Los creyentes del canon hablamos de él con verdadero orgullo: "yo conozco la obra completa de Cervantes". Nos honra este acto casi sectario: "yo he leído el Ulises". Nos distingue y diferencia:"¿Tú has leído a Proust?" Pero sobretodo, los que nos aferramos al canon de manera napoleónica lo que sentimos ante él es... verdadera angustia. Hace poco recibí por mail un artículo que reflejaba a la perfección ese sentimiento del que se sabe tiempo finito frente a la inmensidad cultural del canon. Así reflejaba Care Santos el maldito sentimiento: "...mi amigo Arcadio, lector voraz, llegaba al extremo de no disfrutar de una lectura que le estaba apasionando porque no podía dejar de pensar en las muchas que tenía pendientes...".
Empero, y desde este rinconcito anónimo que propicia la sociedad de la información, Pequeña M quiere gritar que vive para el canon. Que, como la protagonista de La insoportable levedad del ser, siento deleite sabiéndome parte de esa minoría que lee a Auster. Que míos son también los desvaríos de J.K. Reilly.
Si como dice Kundera, un libro no se ha leído si solo se ha leído una vez. Una peli no se ha visto si solo se ha visto una vez... En fin, una vida no se ha vivido si solo se ha vivido una vez.
Ay, si la teoría del eterno retorno de Nieztsche fuera cierta, yo estaría eternamente retornando para saborear áquel primer párrafo de Lolita de Nabokov, aquel plano de El Buscavidas de R. Rossen, y para bailar hasta el paroxismo Bigmouth Strikes Again de The Smiths...
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11 Enero 2006
Él; un niño rico con mórbidas tendencias suicidas, ella; una anciana chalada y pacifista. Se conocen en el funeral de un perfecto desconocido y a partir de ahí las cosas comienzan a volverse más y más disparatadas. Una de las parejas más hilarantes y entrañables del cine. ¿Os acordáis de esta película?

Tenía un vago recuerdo de una peli rara que había visto en mi infancia sobre un tipo que me caía muy bien (no lograba acordarme de por qué) y una extraña señora mayor que se querían de una manera que no conseguía comprender. Lo cierto era que llevaba tiempo intentando averiguar cómo se titulaba hasta que un día la pequeña M nos recomendó que tomasemos prestado el DVD de Harold y Maude de la biblioteca... para mi sorpresa, era esa película que andaba perdida en mi memoria. ¡Gracias por devolvérmela a la azotea pequeña M!
PD- Para quienes no sepan todavía qué es para nosotras un lamelibranquio: vease a Harold.
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11 Enero 2006
Tras largos (y frios) meses permaneciendo aisladas como buenas lamelibranquias que somos (aaaaaaay, desidia...) esto parece que vuelve a estar en marcha... milagros de la infromática... si ya lo dijo Ratzinger: las deidades están cambiando y por ende los milagros también (esto último lo digo yo porque me da la gana y porque soy cofundadora de este recuperado blogcito). Bueno, jubileo y alegría general... hemos regresado para salvar el mundo (y no somos americanas)!
Julian Casablancas (The Strokes) también adora a una dios menor de la tecnología que responde al cariñoso nombre de "Micro".
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23 Julio 2005
Una de las muchas aficiones de mis mordaces progenitores es la de definir el estilo de corte de pelo que llevo, llegando a calificaciones como las de: "en esta foto parece que te ha rumiado el pelo una cabra" o "¿Qué, esta mañana te has peinado con petardos?"... muy agradables para empezar el día. Pero, sin duda, con lo que más se divierten es encontrandome parecidos cinematográficos.
Últimas perlas:"Mirad, Errol Flynn tiene el peinado de la pequeña J en esta película", comentario pronunciado estoicamente por mi madre mientras veía "Robin Hood" (iba enserio)
Y, ayer mismo, al salir de la peluquería tras el corte veraniego de rigor, me cruzo a mi padre por el pasillo, se para, se sonríe y me dice que me parezco a Hayley Mills- hey, hey, hey... (lo de los heys no lo entendí hasta que averigüé que la tal Mills no era otra que la cursi de "De tu p'allá y yo p'acá")
Lo más odioso del asunto es que, con el tiempo, descubro que tienen razón y me hace gracia.
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21 Julio 2005
Un día Pequeña M decidió dar un vuelco a su verano. ¿Cómo? Trabajando, trabajando y trabajando. Así, decidió embarcarse en las aventuras y desventuras de una televisión local, Canal 28. Para ello, se trasladó a Almería. Desde el primer momento y segundo a segundo, Pequeña M fue arrepintiéndose de su decisión y alabando, en muchos casos injustamente, la ciudad abandonada, Madrid.
Tales eran sus quejas, que su tío Felipe acabó por regalarle El cielo sobre Madrid, el último libro de Julio Llamzares, con la siguiente dedicatoria: "Para que aprendas a disfrutar de otros cielos". Así, Pequeña M, sin necesidad de libro de autoayuda alguno, decidió mirar el cielo de Almería con otros ojos y atención, amigos lamelibranquios, descubrió el mar y las estrellas.¿Puede alguien en Madrid decir algo semejante?
Se echó la cámara al hombro y cual ENG, salió a la calle a apaciguar su insaciable curiosidad. Periodismo de investigación, oiga.
Lo primero que descubrió fue el Kiosko de Luis. Antes de nada decir que en Almería, en los kioskos no se venden periódicos, sino recortes.¿Y qué son los recortes? Antiguamente, muchos bares recogían y unían los culos de vino que los ricos iban dejando en los bares. Restos que servían a estudiantes y gentes del mal vivir por dos perras chicas.
El kiosko de Luis es uno de los pocos sitios que quedan en Almería con olor a fritanga, con un camarero de 150 kilos y homosexual y con una clientela al más puro estilo Quintero. Palillo en boca, el kiosko de Luis fue trasladado del paseo marítimo a la Almería interior, dejando a sus feligreses, marineros y lobos de mar la mayoría, desolados en tierra firme. Corren malos tiempos para ser de secano.
Otro personaje popular en Almería es Luis el de los perros. Un vaganbundo con casa de cartones a cuestas que fue reuniendo a lo largo de su vida toda una troupé de perros que le rodeaban, silenciosos. Cuando hay intimidad, sobran las palabras. Yo siempre me preguntaré cual sería el sobrenombre de Luis de no haber coleccionado perros pulgosos.
Pero para Pequeña M, sin duda alguna, tiene un cariz especial el Habichuela. El habichuela tuvo su época dorada con las películas del far west almeriense. Extra en todos los spaguetti western, el Habichuela no se hizo nunca a la idea de que su venerado género era ya algo caduco. "Mira, en esa estoy con Sofía Loren" decía mientras te enseñaba la foto que lo atestiguaba. Al final de sus días, el Habichela acabó recluido en una residencia de la que se escapaba para subirse a los autobuses de linea, vestido de vaquero, para pronunciar las siguientes palabras: caballeros están ustedes en la diligencia que va de Oregón a Arkansas. Es posible que nos ataquen los indios...". Nadie supo nunca como se llamaba. A veces, cuando un cielo no te gusta, lo mejor es inventarse otro.
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16 Julio 2005
Así es, la pequeña J ha dejado su curro veraniego. Vencida en batalla urbana. Y os preguntaréis: ¿En qué demonios trabajaba la ostrita ésta? Pues día a día, la pequeña J se dirigía a las puertas de un gran centro comercial (dícese también de las puertas del infierno) armada con una cruz roja en el pecho, como los caballeros de la orden de Santiago, con la misión de repartir suerte para el día 21.
Jornada de cinco horas que dejaban a uno hecho polvo ("...polvo serán, más polvo enamorado") pero que servían con creces para hacer balance de la especie humana. No sabría ni como comenzar a describir a la gente con la que me he encontrado en esta última semana. Además, tratándose de un trabajo de probabilidades, cualquier pérfil era el del posible comprador, así es que ante mis ojos y, lo que en ocasiones resultaba más pudoroso,mi voz, se deslizaban tantos mundos como personas hay en la tierra.
Suena obvio y cotidiano pero aveces hay que pararse y concentrarse en observar para poder sentir lo sobrecogedor de esta vida: dirigirse a una anciana ahogada bajo sus propias perlas e inmediatamente después a un borracho desdentado y recibir la misma respuesta de ambos. Esas cosas me dejaban de piedra. Había personas que te hacían sentir como los dedos de Nina Simone al piano (rápidos, seguros, con la sensibilidad a flor de piel) y otras que te hacían sentir como si estuvieses viendo el final de Easy Rider una y otra vez, una y otra vez, sin tregua. Compradores ingenuos, prácticos, resignados y mis favoritos; compradores ilusionados, en su mayoría mujeres treintañeras y solteras, vestidas de colores chillones que dando grandes zancadas me anunciaban (¡a mí!) que ellas eran las que tenían el gran premio en el bolsillo trasero del vaquero amarillo limón.
Entre los individuos más característicos que recuerdo están unas señoras ya mayores: una con el pelo teñido (probablemente con Henna) de caoba, vestida de verde pistachio, y la otra, rubia y con gafas de sol a las nueve de la noche, que andaban bromenado con una niña de unos ocho años tan rubia que casi quemaba la córnea. El caso es que terminé entabalando una agradable conversación con ellas en el trancurso de la cual me compraron dos boletos y yo les regalé globos y caramelos con la insignia de la ONG. Me relataron cómo preparaban el pan con tomate y (en susurros para que no las escuchara la que me dijeron que era su bisnieta) los "Cuba libre" que se iban a meter entre pecho y espalda al terminar de cenar. ¿Lo veis?: como los dedos de Nina Simone.
Joder, si me va a entrar el síndrome del guardián entre el centeno y voy a terminar echando de menos a todo el mundo... hasta a la gutural vendedora del cupón de la ONCE (que tenía una idea de competitividad feroz).
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11 Julio 2005
Caminando por el borde del precipicio, oí una voz que me decía: ten cuidado, porque si caes, tendrás que enfrentarte a lo que hay abajo, que no es la muerte sino la vida.Y yo, que lo más cerca que he estado de la vida es a través de una pantalla de cine, me lancé al vacío.
Y encontré repuesta sin haber pronunciado pregunta. Encontré al antilamelibranquio(riánse ustedes del supercalifragilisticoespialidoso) por excelencia: Francois Truffaut, el polemicista, el director, el niño asutado. Truffaut es el lamelibranquio que si lee a Prouts. Y digo lamelibranquio porque él siempre se consideró un inculto, por autodidacta,aunque leía a Balzac, Gide y a Prouts de manera obsesiva, como hay que leer ciertos libros, como hay que ver determinadas películas, como hay que vivr algunos momentos, para luego no tener que arañárselos al pasado (aquello que no se hizo, aquella mirada que se evitó, aquel beso que nunca se dió - rima fácil pero contundente-...) El caso es que a sus dieciseis años y bajo la máxima de 'tres películas al día tres libros a la semana', Truffaut vivía abosorto en un mundo de una precocidad sexual envidiable (y no he escogido el adjetivo al azar). Se movía por los prostíbulos parisinos con más soltura que en el colegio o en su casa, donde nunca fue bien recibido.
Pocos años más tarde, Truffaut, el lamelibranquio, decidió formar el Cercle Cinémane (Círculo Cinémano) un cine-club con el que hacer llegar películas de Renoir, Welles, Buñuel... a todo el mundo. Con ese mismo afán bohemio, constructivista y obsesivo, pequeña M quiere rescatar el Cercle Cinémane. Lamelibranuios del mundo, unamosnos en pro de la cultura, seamos esos 'intelectuales de izquierdas', lamelibranquios, ¡reinstauremos la élite ilustrada!
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