Un día Pequeña M decidió dar un vuelco a su verano. ¿Cómo? Trabajando, trabajando y trabajando. Así, decidió embarcarse en las aventuras y desventuras de una televisión local, Canal 28. Para ello, se trasladó a Almería. Desde el primer momento y segundo a segundo, Pequeña M fue arrepintiéndose de su decisión y alabando, en muchos casos injustamente, la ciudad abandonada, Madrid.
Tales eran sus quejas, que su tío Felipe acabó por regalarle El cielo sobre Madrid, el último libro de Julio Llamzares, con la siguiente dedicatoria: "Para que aprendas a disfrutar de otros cielos". Así, Pequeña M, sin necesidad de libro de autoayuda alguno, decidió mirar el cielo de Almería con otros ojos y atención, amigos lamelibranquios, descubrió el mar y las estrellas.¿Puede alguien en Madrid decir algo semejante?
Se echó la cámara al hombro y cual ENG, salió a la calle a apaciguar su insaciable curiosidad. Periodismo de investigación, oiga.
Lo primero que descubrió fue el Kiosko de Luis. Antes de nada decir que en Almería, en los kioskos no se venden periódicos, sino recortes.¿Y qué son los recortes? Antiguamente, muchos bares recogían y unían los culos de vino que los ricos iban dejando en los bares. Restos que servían a estudiantes y gentes del mal vivir por dos perras chicas.
El kiosko de Luis es uno de los pocos sitios que quedan en Almería con olor a fritanga, con un camarero de 150 kilos y homosexual y con una clientela al más puro estilo Quintero. Palillo en boca, el kiosko de Luis fue trasladado del paseo marítimo a la Almería interior, dejando a sus feligreses, marineros y lobos de mar la mayoría, desolados en tierra firme. Corren malos tiempos para ser de secano.
Otro personaje popular en Almería es Luis el de los perros. Un vaganbundo con casa de cartones a cuestas que fue reuniendo a lo largo de su vida toda una troupé de perros que le rodeaban, silenciosos. Cuando hay intimidad, sobran las palabras. Yo siempre me preguntaré cual sería el sobrenombre de Luis de no haber coleccionado perros pulgosos.
Pero para Pequeña M, sin duda alguna, tiene un cariz especial el Habichuela. El habichuela tuvo su época dorada con las películas del far west almeriense. Extra en todos los spaguetti western, el Habichuela no se hizo nunca a la idea de que su venerado género era ya algo caduco. "Mira, en esa estoy con Sofía Loren" decía mientras te enseñaba la foto que lo atestiguaba. Al final de sus días, el Habichela acabó recluido en una residencia de la que se escapaba para subirse a los autobuses de linea, vestido de vaquero, para pronunciar las siguientes palabras: caballeros están ustedes en la diligencia que va de Oregón a Arkansas. Es posible que nos ataquen los indios...". Nadie supo nunca como se llamaba. A veces, cuando un cielo no te gusta, lo mejor es inventarse otro.
3 comentarios
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Aveces no es necesario inventarse un cielo, sino acordorse de mirar hacia arriba... en todos sitios cuecen habas, pero no en todos se cuecen "habichuelas"; hay chicas almerienses con suerte! ;)
Bajo la intención de formar parte de vuestro "pequeño mundo" me he asignado la letra D -con mayúsculas- con el permiso que me concede la experiencia compartida en una tierra que le pareció pequeña a M sin saber que ya era grande con su llegada a una pequeña cala, de las muchas que componen la vida de todos aquellos que en Almería naufragan.
Porque como héroe mitológico que se precie, cuando inicias un periplo- en este caso, a Almería-, tu aventura termina convirtiéndote en una especie de Indiana Jones en busca del tiempo perdido cuyo resultado, mas que un taquillazo, termina siendo un batacazo -dícese del desembarco en Canal 28-, y sin quererlo, formas parte de un sainete cuyas historias vividas y soñadas tiene cierto regusto provinciano (al final va a resultar que todos somos sinestésicos: dícese del olor-sabor a pipas,...) que el tiempo traducirá en nostálgico...
...el viento nos llevará...
Así que este es el famoso sol que se quedó de piedra al ver Almería...
Intersssssante